MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Estrella Fugaz (III)

 

Estrella Fugaz (Parte 3) 


Sus ojos no parpadeaban, estaban totalmente fijados en aquel trozo de papel. Sus delicadas manos apoyadas en aquella mesa de madera, incapaces de comenzar a escribir algo. El corazón de la muchacha latía rápidamente anunciando lo importante que era aquel momento. A miles de kilómetros de Toni y en una pequeña habitación a oscuras Teresa comenzó a escribir las líneas más difíciles de su vida. Ella sabía que no sería la mejor manera, pero se veía incapaz de hacerlo de otra; el miedo le podía. De algún modo, e intentando dañar lo menos posible a Toni, inició aquella carta, cortada continuamente por las lágrimas y los intensos recuerdos que destellaban en su mente.

 

No había nadie de por medio, únicamente Teresa estaba atravesando unos momentos difíciles ya que era la primera vez que se separaban y a la vez durante tanto. El tiempo pasa y no lo hace en balde, está claro que el roce hace el cariño y el tiempo suele acoger al olvido… 
Un año se cumplía aquel día desde la marcha de Teresa. Un año que sirvió para entender cuánto se puede llegar a amar a una persona y cuánto puede cambiar la vida de otra.
 
No corrían tiempos fáciles y nunca lo fueron, pero Toni hizo un sobreesfuerzo  para ir, gota a gota, reuniendo el dinero que le fue posible con el fín de poder viajar y encontrarse con Teresa y dejar a un lado las cartas, las llamadas y poder volver a saborear en persona las sensaciones más maravillosas del mundo, que para aquel chico era sin duda, las que meses atrás compartió con Teresa.

 

Aquel día perdido en el calendario fue largo, estudios por la mañana y trabajo por la tarde, como habituálmente venía haciendo. La noche llegó con prisas, pero el cansancio del muchacho se contrarrestó con la alegría de saber que al final de aquella semana cobraría y reuniría el dinero suficiente para viajar. Antes de entrar en el portal de aquel viejo edificio, miró al cielo para vislumbrar de nuevo las estrellas, como si con ellas pudiera hablar con Teresa, con la sensación de que aquella sorpresa sería la mejor de sus vidas y ya quedaba menos.

Salto tras salto entró en el portal dejando atrás el recibidor, encaró la escalera y justo antes de seguir con su alegre caminar, Toni se paró y se giró rápidamente para ver que al fondo de aquella estancia un sobrecito sobresalía de su  buzón. Corrió y deslizándose por el mármol cogió la carta para descubrir que aquel puño y letra eran de ella. No pudo retener las ganas de abrirla, no esperó a subir a casa y leyó su contenido allí mismo.

El ahogo era insoportable, el frío ártico, el temblor casi enfermizo, la respiración entrecortada y el corazón aplastado por una losa. La hoja se deslizó entre sus dedos a la vez que el muchacho perdía el equilibrio y caía de bruces contra el frío suelo. La luz automática del portal se apagó y dejó aquella tétrica imagen. Toni seguía consciente y con su mirada puesta en aquel trozo de papel, que tenía a pocos centímetros de su nariz, difuminado por la penumbra. Apenas parpadeaba y sus lágrimas lamieron aquella carta, haciendo que se fundieran con la tinta que días atrás plasmó Teresa en forma de palabras. Toni no sentía nada, cerró los ojos y la sonrisa de su gran amor apareció al fondo de aquel oscuro pozo. Aunque fueron segundos, en la mente del chico pasaron horas, en las que recuerdos con Teresa invadían su pensamiento…."Cómo me miraba y sonreía cuando la sencillez y la humildad aún bañaban su rostro. Cuando ella me cogía de la mano y acercaba su cara a la mía mientras susurraba, te quiero…. El olor de su cabello, el sabor de sus labios, el recuerdo de sus manos sobre las mías, las promesas de amor eterno...".


Continuará...