MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Estrella Fugaz (VI)

Estrella Fugaz (Parte 6)

Pasaron las semanas y Teresa no obtuvo respuesta, hasta que un día perdido recibió una carta con el remite de la casa de Toni. La letra no la reconocía, pero estaba claro que era de allí. Una sensación embriagadora se paseó por su cuerpo y mente. Cogió la carta sin dejarla de observar hasta que la guardó en el bolso de camino al encuentro con unos amigos; el destino era una pequeña taberna donde siempre se reunían todos y aprovechando el cruce de conversaciones Teresa abrió el sobre con disimulo en el interior del bolso. Sacó la pequeña hoja escrita a mano y la decepción fué casi instantánea. La madre de Toni era quien escribía y en ella podía leerse que él ya no vivía con ellos, que hacía tiempo se había marchado por diversos motivos. También le deseaba los mejores deseos por parte de su familia de forma muy cariñosa. Al menos, la madre adjuntó la nueva dirección de Toni antes de despedirse.

Aquella tarde generó un punto de inflexión en el transcurrir de los días de Teresa, ya nada sería igual.

La vida siguió su curso y la idea de pensar que había perdido para siempre a Toni por sus decisiones del pasado la machacaba sin cesar. Lo tuvo en sus manos, no obstante todo tiene un límite y en su caso, llegó.
Soles y lunas caían y a pesar de ello se armó de valor y una tarde sacó del cajón de su mesita la carta que semanas atrás recibió, para ponerse en contacto con Toni, sin saber muy bien qué decir. La estampa que la muchacha veía a través de su ventana parecía acompañar a su nostalgia, con las hojas cayendo de los árboles, las ropas grises de las gentes y el vaho acumulándose en los cristales. Parecía increíble que sus dedos temblaran a la hora de deslizar la tinta sobre el papel, sin embargo durante unos instantes cerró los ojos y cedió que su interior se estampara en forma de letras. Al día siguiente, con mucho cuidado, Teresa llevó el mensaje directamente a la oficina de correos y se despidió de la misiva como si de un familiar se tratase. 
Los días se sucedían, las semanas corrían en el calendario y el buzón de Teresa seguía vacío. Ahora lamentaba haber borrado el teléfono de Toni con el fín de evitar caer en la tentación meses atrás, pero el recuerdo del mismo hizo intentar contactar con él pese a que la única réplica que obtuvo es que el número ya no existía.

La esperanza es lo último que se pierde, sin embargo a Teresa incluso ni ésta le hacía compañía. Comenzaron a pasar fechas como rutina, como una machacante sensación de seguir sobre unos raíles que van y vienen haciendo el mismo recorrido. Con el paso del tiempo, sintió la fuerte sensación de no tener esa ilusión que muchos meses atrás le hacía ver las cosas de otra manera y cómo a veces la ambición pueden llegar a cegar. La angustia que por momentos le apretaba hacía que en ocasiones repasara las fotos que conservaba de remotos pasajes con Toni y aunque al principio esa visión se sucedían como pequeñas puñaladas, se convirtieron en una ligera necesidad. 

Confundida ya en qué instante de su vida se encontraba, un día cualquiera de un mes desdibujado, cogido al azar de un manojo de cartas, Teresa recibió correspondencia muy especial. Sí, era una carta de Toni…


Continuará...