MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Estrella Fugaz (XIII)

 

 

Estrella Fugaz (Parte Final)

"Tengo que darte algo. Siento por todo lo que estás pasando y al menos me alegro que tu hermano pequeño haya superado la fase de adaptación…”, comenzó a conversar el doctor, provocando que en el interior de Teresa poco a poco el sonido de sus palabras y el tiempo se fueran ralentizando. Teresa no escucho mucho más allá de esas frases, no quería atender a nada.

 

Pausadamente la mano del médico rozó su hombro con gesto dulce y con la otra sacó de su bolsillo un sobre en el que pudo perfectamente intuir la caligrafía de Toni trazando su nombre. Lo cogió con miedo y se quedó petrificada mirando esas líneas y el contorno del papel; cerrando los ojos no discernía si era un sueño o era realidad. Para cuando recobró el sentido y la visión de nuevo, se encontraba sola en el mismo lugar, pero aquel hombre  ya había desaparecido. El Sol caía a través de los grandes ventanales dejando un reguero de anochecer en el firmamento y de improviso un punto en el infinito brilló y parpadeó durante unos segundos. Era la primera estrella en el cielo y justo en ese instante Ella cerró los ojos, lo suficiente para rememorar risas, susurros, paseos, confesiones, lágrimas, abrazos, caricias, miradas, años infinitos de sentimientos acelerados en un instante.  

Teresa pasó el día con los padres de Toni, intentando sobrellevar aquellos duros momentos, sin embargo, pese a que Él ya no estaba físicamente con todos ellos, algo hacía percibir en el ambiente su presencia, el recuerdo de su entrecortada risa y lo amable de su mirada. Abandonó el salón lentamente y encaró las escaleras hacia el dormitorio de Toni, saboreando cada centímetro de la casa que le vio crecer, hasta que alcanzó su humilde dormitorio. Empujó la puerta mientras cerró los ojos, haciendo que simplemente el aroma del lugar la teletransportara al pasado; volvió a entreabrir los párpados para contemplar que en la pequeña cama dormía Toni. Por la ventana se intuía que era invierno puesto que la noche cerrada lloraba copos de nieve, cuando de repente percibió como el muchacho e
ntre sudores se despertó en medio de la oscuridad y alargando su brazo encendió la pequeña lámpara que acompañaba su mesita, observó el calendario que tenía en frente y cogiendo un pequeño lápiz cercano tachó un día más de aquel frío mes de Noviembre. “Dos meses y seis días…” , murmuró. A Teresa le temblaban las piernas y los ojos no lograron retener las lágrimas. Sabía que simplemente era un sueño, un recuerdo tan real que parecía estar viviéndolo, cuando en medio de esa escena Toni se giró para mirarla, parecía que era de verdad y que Él la observaba sonriente. Se irguió y pudo leer en sus labios un “te echo de menos…”.
No pudo contener más la tensión y se sentó en la cama. Desparecido cualquier vestigio del sueño e intentando coger aire, Teresa sacó la carta que el doctor le había entregado y con manos temblorosas consiguió separar la solapa del sobre y deslizar el papel que había en su interior. 

Comenzó a leer con la sensación de que Toni estaba junto a Ella. 

[Carta]
Hola Teresa… 

Perdóname no es la mejor palabra para comenzar una carta, pero no puedo explicarme mejor que pidiéndote perdón.

Quiero escribirte como si no nos hubiésemos separado jamás y ya sabes lo que debo decir entonces, lo mismo que escribo al inicio de esta carta; eres mi vida, eres mi todo.

No puedo evitar amarte más de lo que es bueno para mí. Me sentiré feliz hasta que te vea otra vez. Siempre soy consciente de mi cercanía a ti, tu presencia nunca me deja y desde que nos separamos mi tiempo ha sido un desorden manejado por tus recuerdos, he sobrevivido sobre una cuerda fina y balanceante hasta que comprendí que nada ni nadie podría borrar lo que siento dentro y mi único temor era morir y no volver a verte; ¿recuerdas que te lo dije en nuestro rincón secreto?, pues ahora no tengo temor a eso y te esperaré toda la eternidad para volver a estar contigo. Sé que será así.

Hace años que padecía una enfermedad degenerativa que por mucho tiempo se mantuvo inerte, todos los especialistas que visité durante meses me dijeron lo mismo, que todo lo que existía había sido ensayos iniciales y sin cura. Un día todo cambió y se aceleró poco antes de separarnos y decidí no darle mucha importancia y menos con la felicidad que desprendías con la noticia de tu nuevo trabajo en el extranjero. Ya sabes, tu felicidad es la medicina que me mantenía vivo. Lo siento por no habértelo contado antes, pensé que sería lo mejor y entiendo que te duela ahora, pero te juro que fue por amor, lo hice porque te quería. 

Todos los días, de camino al trabajo, imaginaba que íbamos paseando como antaño, juntos, mirándonos de reojo esperando a que uno de los dos se riera. ¿Recuerdas nuestros deseos contemplando las estrellas fugaces?, sé que no se desvelan esos secretos, sin embargo la mayoría de las veces el mío se repetía. Estar contigo siempre sin ningún tipo de final y este contratiempo no pudo conmigo y desde que me enteré que tu pequeño, tu hermano, tu ojo derecho se encontraba mal consulté todo lo que pude para buscar una solución y poder estar cerca de ti todo lo posible luchando contra mi enfermedad.

Mi último deseo es que estés leyendo estas líneas con tu hermano y que mi corazón esté latiendo en su interior, ayudándole a seguir adelante, a ti a verle sonreir y a mí a tenerte cerca de nuevo.

Teresa, mi vida, no sabes cuánto amor me llevo y me alegro haber compartido cada segundo de mi tiempo contigo. Cada vez que mires al cielo nos encontraremos en las estrellas. Vive y se feliz amor, se feliz y no te preocupes porque yo te estaré esperando, te estaré esperando como el primer día, como el mismo momento en que te ví y supe que eras el amor de mi vida, vive e impregna de amor todo lo que te rodea, porque tú eres amor cariño, estás llena de bondad y corazón, asi que haz que disfruten de ti cada suspiro.

Qué bonito fue latir a tu lado Teresa, qué fácil me hiciste la vida, qué rápido caía el tiempo junto a ti y que felicidad me embarga al saber que me voy sabiendo que tuve al amor de mi vida siempre y siempre estarás conmigo. Te echaré de menos y nunca te olvidaré allá donde esté, porque vas dentro de mí y eso nadie me lo podrá arrebatar.
Toni.

Mientras releía aquellas últimas palabras de nuevo, y tal y como había deseado Toni, contuvo la emoción para poder agarrar con fuerza a su pequeño, ambos sentados en el rincón más especial que existía para Teresa y Toni, abrazados y con lágrimas observaban las estrellas que cruzaban el cielo. La muchacha posó su mano sobre el pecho del niño y sintió el latido del corazón con más fuerza que nunca, ese corazón que no ha parado de palpitar para hacerla feliz y que jamás dejaría de hacerlo.

"Estrella Fugaz (siempre vendrás conmigo...siempre)"