MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Nostalgia en una noche perdida de verano




Nostalgia en una noche perdida de verano

 

A través de los huecos de la persiana, se podía percibir el olor a humedad y el ruido de las gotas en plena noche de verano. Era una sensación agradable.

Un pequeño cosquilleo en el estómago le hacía recordar aquellos malos momentos del pasado, aunque ahora ya lo tenía superado. Aún así, era raro. Raro porque navegar en aquellos pensamientos con la fortaleza actual, daba como resultado una especie de nostalgia disfrazada.

Cerró los ojos y el aroma a café abrazaba su garganta. Era imposible no recordar aquella cafetera italiana con café para 2 tazas. Al separar de nuevo los párpados, la humedad de aquella pequeña tormenta de verano lo trajo a la realidad. Rozaba con las manos el sillón mientras se miraba la silueta de sus venas marcadas en el dorso de la mano. Eran como las de su padre. Idénticas. Trazaba números imaginarios en uno de los cojines hasta pintar el 7. Es su número de la suerte.  Vuelve a cerrar los ojos y aquella cara arrugada la sonríe con cariño para animarle a dormir. Él sabe que le costará. Son tantas noches así que ya perdió la cuenta.

Apagó el televisor y la oscuridad se adueño del lugar. Apenas el pequeño reflejo de la mirilla de la entrada principal ayudaba a situar el camino. Los pasos desnudos se conocían el trayecto. Era como un cuento donde cada capítulo era el roce de una pared con la punta de los dedos. Cada esquina era un diálogo importante y el desenlace el pomo de la habitación. En silencio empujó la puerta. Un par de pasos y la caricia de la cama hacia presencia en sus piernas. La miraba como el que vislumbra la costa tras meses en alta mar. Apoyó sus manos en ella y el pequeño resplandor de la Luna volvía a mostrar una silueta de alguien cansado.

Cerró suavemente los pequeños huecos de la persiana hasta no percibir nada. Apenas su respirar. No sabía si lo dijo en voz baja o era su propia mente la que lo susurró, pero al tumbarse una frase de esperanza le guiñó un ojo. “Descansa. No te preocupes tanto. No pierdas la sonrisa. Lo mejor está por llegar”.

 

 

David Campos Sacedón