MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Sangre y piedra



Sangre y piedra


En el corazón manchego se erige la cuna de mi vida. Callejuelas, piedra y teja se entremezclan con el aroma de la cebada y la vid. Ropajes medievales engalanan a Belmonte, villa monumental y señorial, que acoge en su regazo mi paso por esta corta vida. Cuántas tardes ha compartido a mi lado el sol, el olor a tranquilidad y el sabor a vida. Esta tierra, formando parte de mi familia, me ha cuidado y acompañado siempre, como si fuese parte real de mi cuerpo. Mi olor es una mezcla de aromas de este lugar.

En el corazón de la Mancha, Belmonte descansa entre lomas y llanuras. Este pequeño gran pueblo palpita desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, dejando constancia de su historia entre los muros que componen su piel. Acorazado por su gran castillo y su gran muralla dejan claro su elegancia y su poderoso pasado. Sentimiento y dulzura pintan sus calles, haciendo una pequeña telaraña de recovecos y rincones especiales. Raíces profundas sostienen a este lugar, encabezado por un bello monte y abrigado por las gentes que en él se encuentran. Este lugar es especial, tiene magia a pesar de las intempestivas que ha sufrido a lo largo de su histórica vida. Dulces melodías son la carta de presentación de esta villa, dejando claro su alta clase.

Lugar de batallas, encuentros y despedidas. Población rodeada de campos espléndidos, cultivos de secano y caminos de tierra. Inviernos fríos caracterizados con la chimenea y la calidez de la familia. Bellos otoños dorados, como la doncella que observa el paisaje desde lo alto de un torreón. Primavera dulce y elegante con olor a jazmín. Veranos soleados y brillantes, aderezados con insinuaciones de nostalgia y alegría.

Belmonte es diferente por muchos motivos, aunque sinceramente, su magia reside en la mezcla de sus gentes e historia.

Fue, es y será mi pueblo para el resto de la eternidad y con gran orgullo.

 

 

 

David Campos Sacedón