MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Estrella Fugaz (V)

Estrella Fugaz (Parte 5)

 

Y los meses pasaron, aunque en esta ocasión el tiempo corrió muy despacio, tanto que parecía que no avanzase y todo siguiera clavado en aquellos pasados días. En todo ese periodo no hubo noticias de Teresa. Él tampoco dio señales de vida e intentó que la tierra del tiempo tapara el corazón para siempre; sin embargo no lo consiguió...

 

El año acabó y Toni tuvo la oportunidad de irse a otro lugar para trabajar realmente en lo suyo y así lo hizo, por empezar, por cambiar, por olvidar; aceptó el reto y se marchó de la ciudad a la que tanto quería. El tiempo se acumuló y los recuerdos se transformaron en pensamientos nostálgicos, el olvido en parte de su ser y la independencia en un estilo de vida. Transcurrida una temporada no conoció a alguien que realmente le llenase como él necesitaba, de todos modos tampoco le importó mucho, puesto que no estaba dispuesto dar algo a cambio de nada. Y su vida continuó. 
Teresa prosiguió con sus proyectos, el trabajo le sonreía. El paso del tiempo también calmó las heridas del pasado y las fuerzas poco a poco invadieron su cuerpo. Las agujas del reloj giraban sin cesar demasiado rápido, como decía ella. 

Una noche cualquiera, llegó a casa después de un largo día de trabajo. Dejó las cosas por donde pudo y se puso cómoda, con el único propósito de dedicarse unas horas para ella. Salió a la terraza y contempló la ciudad apoyada en aquella antigua barandilla. Miró al cielo y en ese mismo instante pudo observar que una pequeña estrella fugaz hacía acto de presencia en el inmenso firmamento. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando la cara de Toni se dibujó en su mente, imaginándose en aquel lugar escondido que ambos compartieron, donde la calma y el cariño se daban la mano. Una pequeña lágrima recorrió su cara cuando cerró los ojos. Se sentó en el suelo apoyando su espalda y la cabeza contra aquellos barrotes negros; pensaba que no, sin embargo aún no había olvidado a Toni, su presencia seguía casi intacta en su mente y cada día le demostraba que le faltaba algo, ese algo que durante tanto tiempo él le dio.
Ya hacía días que esos pensamientos estaban siendo más fuertes y eso que hacía muchísimos meses que no sabían nada el uno del otro. Una pequeña sonrisa se dibujó en su semblante al recordar algunas de las frases que entre ellos se repetían para dejarse claro que nada ni nadie les podría separar y entre tantos recuerdos y pensamientos, las muchacha se sumió en un sueño profundo… 
 

Ciertamente desorientada se levantó adentrándose en el salón, cogió un lápiz y un trozo de papel volviéndose de nuevo al mismo lugar, se dejó caer en el mirador y comenzó a escribir una carta que no sabía exactamente si sería capaz de terminar…

Continuará...