MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Estrella Fugaz (XII)

Estrella Fugaz (Parte 12)

Los párpados caían a cámara lenta, haciendo que el brillo de sus ojos fuese cerrándose como el sol desapareciendo en un atardecer, las fosas nasales si dilataron suavemente para inhalar un soplo más de aire, el gotero acababa ya su dosis, penetrando las últimas gotas de un líquido acuoso en el cuerpo del muchacho a través de finos tubos transparentes. Unas manos envueltas en guantes blancos rozaron su mano, los ojos del doctor miraban con tristeza cómo la aguja de su reloj llegaba al final de la cuenta atrás. Cuando levantó la vista advirtió una lágrima lamiendo uno de los pómulos de Toni hasta difuminarse cual pizca de agua en el arenoso desierto a la vez que sus dedos cedieron y se relajaron. Todo estaba hecho.

Las lunas y los soles bailaban en el firmamento uno tras otro sin parar, alargando el sufrimiento de Teresa y toda su familia. El equipo médico ya les comunicó que había pocas posibilidades de superar esa fase de estancamiento y prácticamente un milagro podría devolverles al pequeño.
Ella, acostumbrada a observar cada día el amanecer por la ventana de la habitación donde la vida y la muerte aguardaban su turno, apenas conseguía mantener energía para mantenerse en pie hasta que una tarde cualquiera, las prisas y carreras de enfermeros llevándose a su hermano, pálido y extremadamente delgado la hicieron espabilar algo más. Sus padres se abrazaron llorando en la puerta de la estancia, comprimiendo sus ojos hasta no poder más, sin querer mirar, sin querer pensar, sin querer sentir.
Desorientados, aturdidos, pidieron información, exigieron saber qué ocurría y consumidas varias vueltas de reloj una de las doctoras que supervisaba el progreso del niño les regaló la felicidad más infinita que podrían experimentar,  “el niño está evolucionando favorablemente y sin titubeos, es un caso espectacular, sin embargo, prefiero contarles más una vez podamos estar junto a él. Me alegro tanto como ustedes; se recuperará y pronto podrán abrazarle”, les comunicó.

Toda la familia reunida esperando el instante, se les autorizó para acceder a la sala donde el niño se recuperaba. Él tenía los ojos abiertos y su mano derecha cubría el pecho por donde se intuía una cicatriz reciente, aun así, sus labios dibujaban una sonrisa.
Lágrimas, sonrisas, abrazos, besos y un sinfín de caricias engalanaron el momento, el cual, parecía ser un sueño del que Teresa sintió miedo por si fuese eso, una simple fantasía. El color volvía a bañar la piel del crío, sus labios no estaban quebrados por la sequedad y hasta el pelo brillaba con fuerza. Pegaron frente con frente y ambos sollozaron de alegría de tenerse el uno al otro, de superar lo que pareció imposible. 

En medio del trasiego de muestras de cariño, la doctora pidió a Teresa que se acercase, alguien quería verla y su cuerpo se estremeció de emoción cuando Toni brotó en su mente con su tierna sonrisa. Apenas acabó de indicarle dónde debía dirigirse para encontrarse con esa persona, Teresa ya encaró el pasillo de entrada. Empujó la puerta y con el corazón en la garganta deseando ver lo que su imaginación había anhelado, escudriñó a un lado y otro buscando la presencia de Toni, no obstante, todo se disipó cuando un desconocido con traje la contemplaba directamente a los ojos y se presentó, “Hola Teresa…”, “¿Quién es usted?, no le conozco…”, tartamudeó la muchacha. “No me conoces, lo sé, pero yo a ti si…y mucho. Soy el Doctor Fuentes”, respondió.


Continuará en el último capítulo...