MIS RELATOS CORTOS
David Campos Sacedón

Yo, no

Yo, no

 

Mañana iré a encontrarme con mi destino. Lo haré sin temor alguno, como corresponde a una persona de coraje. Hoy me entretendré preparando un desayuno especial, estrenaré el traje que ayer, que después de mucho ahorro, pude adquirir en esa famosa boutique. Encararé las calles con mi mejor sonrisa y bajaré al metro para dirigirme a la empresa que publicó el aviso de trabajo que tanto necesito. Me sentaré en uno de los asientos que aún quedan libres. Me quedaré irremediablemente dormido. Un hilo de baba asomará por la comisura de mis labios, espero que nadie pueda observarlo y evite ser  desagradable a todos los presentes. Me despertaré con esa actitud de tenerlo todo controlado y saber que esa era justamente mi estación.

 

Llegaré al inmenso edificio, que tendrá un amplio hall de entrada, intimidante. Me presentaré a la recepcionista, me dirá que aguarde a ser citado. Estaré nervioso, inquieto, durante todo el tiempo que dure la espera. Trataré de no arrugar el traje que con tanto esfuerzo me costó comprar. Me arreglaré la corbata innumerables veces. La recepcionista me llamará por mi nombre. Me dirá que me dirija al piso catorce y pregunte por el Sr. García. Me dirigiré al ascensor con paso decidido. El aroma de diferentes perfumes, lociones, y algún ápice de tabaco que inundarán el reducido espacio me mareará un poco.

 

El Sr. García me recibirá con un firme apretón de manos. Entraremos a su oficina. Llamará a su secretaria para pedir café. Yo declinaré la oferta amablemente. El Sr. García me pedirá que le entregue mi currículum. Se lo daré. Lo leerá con gesto adusto, haciendo leves movimientos de cabeza. Lo observaré tratando de adivinar sus pensamientos. Él arrojará el currículum sobre el escritorio. Me preguntará por mis estudios, mis experiencias anteriores, mis referencias. Yo trataré de hablar calmadamente, de expresarme con la mayor corrección, sin exaltar demasiado mis condiciones, sin disminuir mis aptitudes.

Se producirá un embarazoso silencio. El Sr. García deliberará acerca de lo conversado. En un momento moverá la cabeza hacia ambos lados. Me dirá que estoy demasiado cualificado para ese puesto, que no podrá dármelo, que indudablemente debería buscar algo acorde a mis competencias y que en este lugar renunciaré a los pocos meses. Le aseguraré que no. Me asegurará que sí. Me dirá que lo siente. Le ofreceré rebajar el salario por un tiempo para que lo reconsidere. Me dirá que no es posible ocupar un puesto de trabajo conmigo, que buscan gente más joven para ese cargo. No podré soportar semejante humillación, semejante golpe a mi autoestima. Me invitará a retirarme. Me dirá que me tendrá en cuenta para otras búsquedas.

 Al abandonar la oficina pareceré unos años más viejo. Saldré del edificio derrotado. Miraré al cielo. Preguntaré porqué debo hallarme en esa situación después de tantos años. No se dibujará ninguna respuesta en el firmamento. Mis pasos cansados me llevarán nuevo hasta el subterráneo. Me pararé en la plataforma, cerca del borde. Veré las luces que se acercan en la oscuridad del túnel y cerraré los ojos. Serán como un poderoso imán que me impulsará a cometer una locura. El desaliento ganará la partida. Me diré que no es justo ser tratado de ese modo. Cerraré los ojos y me dejaré llevar. En el último instante pensaré que ya no había futuro posible, que allí se estaría escribiendo la última página en el libro de mi vida, el último capítulo de mi historia personal. Y es ahí, en mi “último” suspiro cuando un átomo de energía procedente de un recóndito lugar de mi mente lanza un último mensaje. Milimétricamente rectificaré. Mi otra mitad luchará por parar. Pararé y separaré de nuevo los párpados, cuando el destello de la locomotora estaba ya encima de mí. Quiero desaparecer. Yo me respondo que no, que yo no me rindo, que rendirse es de perdedores, como diría mi padre. Apretaré los dientes y diré, “…Yo...no me rindo”.

...y justamente en ese momento me despierto y encaro el día con la seguridad que jamás, jamás me rendiré ante nada...

 

 

David Campos